Esta página cumple tres años

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Comenzó en febrero del 23 y sigue, con la inestimable ayuda de La Fontanera Digital. Ya estábamos en tiempos distópicos y la distopía (nacional, global) crece y permanece. No me gusta vivir tiempos distópicos, añoro la pre-distopicidad que no volverá. El mundo está bullverseado, dado vuelta y enrevesado por los bullies. Bullying en lugar de política y diplomacia. Al antiguo gusto soviético: “lo mío es mío y sobre lo tuyo podemos discutir”. Quienes siguen este blog saben que de vez en cuando se me suelta la chaveta de la indignación por alguien o algo en el país o en el mundo y digo, tal vez con vehemencia, lo que siento y pienso. Como nadie más escribe, corrige y edita estas páginas, salen así, frescas, sin mediaciones.

Pero también trato de refugiarme de la distopía cotidiana en las cosas que más me gustan, como cultivar gírgolas y plantas y cocinar. O juntarme con los amigos de Cine Raro a comentar una película. O decir mi pienso sobre una que vi en el cine o un libro que leí. O narrar algo que vi o me pasó, o traer viejos recuerdos familiares o personales. De nuevo, como no hay un editor aquí arriba mío, sale lo que me sale.

Ya saben que no promociono a esta página más allá de publicar en Facebook, Threads e Instagram cada nota, los martes y los viernes: los martes son capítulos de mi Guía Existencial Argentina, de la que quedan 22 capítulos de un libro y 17 del último, hasta mediados de año. Debo ir pensando con qué la sustituiré, si quiero hacerlo.

La página tuvo en 2025 un promedio de 15 visitantes diarios y 23 visitas diarias, con picos cuádruples o quíntuples y caídas a la mitad o un tercio. Mitad de los visitantes son de Argentina, luego de Estados Unidos, España, América Latina, Italia, Francia, Reino Unido y resto de Europa. Tuve además el primer visitante desde Antártida, el 1° de enero pasado, quien fue a leer Los grandes bebedores de la historia, posteo que a lo largo de los años sigue trayendo lectores. En el último año llegaron a alguna de estas páginas lectores o curiosos de todos los países americanos salvo las Guayanas, dos desde Sudáfrica, uno desde Marruecos y otro de Senegal. De toda Europa menos los Balcanes, Belarús y algún país báltico, de Asia menos los -istanes, el sudeste asiático y las Coreas, de Australia pero no de Nueva Zelanda.

Hay algunos visitantes, como el de Ashburn Virginia USA que a esta altura creo que no es un humano sino un algoritmo de la CIA o alguna otra agencia de espionaje que en algún momento detectó alguna publicación mía con palabras sospechosas y desde entonces me sigue como un autómata, no se pierde una. Hay otros dos de Estados Unidos, uno de Irlanda y otro de Italia que también sospecho son algoritmos, porque nadie en su sano juicio puede leerme dos veces por semana sin perderse nunca una…

También es curioso cómo algunas publicaciones se viralizan y acumulan cientos o incluso más de un millar de lectores. Otras, que con frecuencia son las que me parecen más importantes, pueden pasar casi ignoradas. Y luego hay entradas que, quizá por efecto de los buscadores, parecen atraer un flujo modesto pero asiduo de visitantes que pueden venir de cualquier lugar o bien de un país donde por algún motivo inescrutable dicha entrada se tornó grupal o miniviral.

Me siento cómodo en esta pequeña dimensión unipersonal, llenando mi palimpsesto con lo que se me ocurre escribir y publicar, si lo tengo. Me incomodaría igual tener millares de visitas diarias (algo cuyo único beneficio sería un banner publicitario que me diera alguna entrada) que tener apenas o ninguno: supongo, en este último caso, que ahí nomás dejaría de hacer esto.

Sigo porque me divierte o desahoga y porque veo que hay lectores desparramados por el planeta, además de algunos fieles algoritmos.

A lectoras y lectores, un abrazo.

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