Irán y volverán
Que el mundo ya es distópico es evidente sobre todo en las guerras. En esta última de Trump y Netanyahu contra Irán, creo que por primera vez, mi deseo es que todos los bandos pierdan. En un mundo todavía normal yo habría deseado que Ayatolandia fuera derrotada y aniquilada. Pero cuando la guerra la libran no Estados Unidos y sus aliados sino Trump y no Israel sino Netanyahu, la cosa cambia. Es claro que me gustaría ver a Irán liberado de la teocracia islámica, pero no por sujetos de tan dudosas cualidades democráticas como Trump y Netanyahu. Si ambos triunfaran, creo que sería una gran desgracia para Estados Unidos e Israel. Todo lo que le salga mal a estos dos nefastos tipos me reconforta, porque me reasegura de que se eclipsarán pronto.


Por un lado, me alegra que de un cohetazo lo vaporicen al ayatollah Khamenei y otra mucha de sus kapos. Pero por otro lado, también me alivia ver que algún misil iraní llega a dar en el blanco en Israel, impartiendo así una muy necesaria aunque breve y limitada lección a los israelíes de cómo es la vidamuerte en Gaza desde el 8 de octubre de 2023: sus grandes medios no lo muestran y ahora, tampoco a los cohetazos. También me regocija que algunos drones iraníes impacten en esos abusivos floreros edilicios que componen ese delirio que es Dubai, junto a los emiratos primos y hermanos. Que sus playas artificiales, restaurantes para ricos y shoppings de lujo además del aeropuerto más grande del mundo estén vacíos. Siento que el mundo es un poco mejor así, con un Dubai desierto como el original hace medio siglo.
Espero que a Trump y Netanyahu les lleguen las facturas. El monstruo naranja deberá responder por el cohete que mató a más de 160 niñas en la escuela de Minab y el encausado israelí por las reliquias históricas que está destruyendo en Irán. El tarado naranja también debería responder por las gansadas que profiere a diario. Hay que ser muy bestia o ignorante para recomendarle a los iraníes que insurjan en las calles contra la teocracia: el bobo ni siquiera leyó la entrada sobre la Guardia Revolucionaria Islámica en Wikipedia.
La aterradora dimensión de su microcefalia quedó expuesta hace unos días, cuando le recomendó a los capitanes de los barcos que esperan a uno y otro lado del Estrecho de Hormuz que “tengan huevos” y se animen a cruzarlo. Además de sinvergüenza, es bruto. No sabe que los capitanes de los barcos no son sus propietarios y quienes deciden son los armadores, a miles de kilómetros de allí y por costos de seguros más que otra cosa. Tampoco sabe que el juramento hipocrático de todo capitán de mar es salvaguardar la vida de pasajeros y tripulantes y la seguridad de la nave y su cargamento.
Quisiera verlo en el puente de mando de un Aframax cargado con medio millón de barriles de petróleo comandando con voz tranquila el rumbo al timonel en el corredor obligatorio de entrada y salida al Pérsico, una U dada vuelta entre Irán al noroeste, norte y noreste y Omán al sur. Sabiendo que hay baterías de cohetes, lanchas bomba tripuladas y automáticas, torpedos, minas y drones de aire y agua ahí nomás.
Que pierdan todos, así no estamos solos.

Imágen creada con ChatGPT
