La educación pública argentina está viva y coleando

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Hay memos, merluzos, zotes, dundos, mensos, abombados, toletes, dundecos y nonecos de izquierda y de derecha que enuncian la sandez de que la educación pública argentina ya no es la que era, o es una porquería. Por experiencia, sé que no es así.

No puedo afirmarlo para toda la República, ya que desde el nefasto, nefario y nefando presidente Menem la educación (como la salud) se arrojó a las provincias y mi experiencia, a través de mis hijos, desde jardín de infantes a primaria y secundaria fue sólo en la Provincia de Buenos Aires. Mi hijo menor, Bruno, hizo todo el jardín de infantes en un excelente jardín provincial y dos años de primaria de la que lo saqué no porque el edificio no estuviera muy bien y los docentes no fueran buenos, sino por los paros imprevistos y frecuentes (¡durante el gobierno de CFK!). Así que terminó la primaria y cursó la secundaria hasta 4° año en un colegio privado del que de nuevo lo saqué porque preveía, acertadamente, que con este gobierno se tornaría impagable. De modo que Bruno acabó el pasado diciembre de cursar el secundario (5° y 6°) en un colegio público: el n.º 2220 o Colegio del Lago, en barrio CUDEC contiguo al Club Náutico, junto al río Luján.

La primera singularidad es que en su clase de sexto eran sólo siete alumnos (cuatro varones, dos chicas y un chico o chica trans) lo cual les permitió tener una relación excelente con todos los profesores menos una. También me llenó de admiración por ellos y de orgullo por nuestra educación pública la forma en que el compañero/a trans era aceptado por sus compañeros, formaba parte del grupo incluso fuera del colegio. Ciencia ficción hace medio siglo, cuando yo estaba donde ellos.

Mi hijo sostiene que este colegio (emplazado en medio del verde, en un viejo barrio cerrado) era más exigente que su anterior colegio privado, contiguo a nuevos barrios privados. Veremos el año próximo cuando deba superar el según dicen muy exigente CBC para entrar a la UBA qué tal fue su formación secundaria.

En la ceremonia-fiesta de fin de curso hubo varias lindas palabras, de la directora y de dos profesoras. Quise leerles aquella poesía de Max Ehrmann que cuando teníamos su edad conocíamos casi de memoria y luego cayó en el olvido, “Desiderata”.

Y me emocionó ver el afecto de algunas profesoras con mi hijo: nunca recibí abrazos así ni de maestras ni de profesoras.

Dado que este colegio público (salvo por la cuota de cooperadora de 30 mil pesos anuales) es gratis, la relación precio-calidad de su enseñanza es imbatible incluso por el mejor y más caro colegio privado que haya en este país, que puede alegrarse de tener colegios provinciales así.

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