La pelota no se mancha, si es de caca
Este fin de semana, el antideporte “futboludo” asume una dimensión superior de su aberrante deformidad malparida: una “huelga” organizada por la asociación hasta ahí nomás lícita AFA (asociación argentina de futboludo) junto a todos sus clubes, lo que en sentido estricto no es una huelga de trabajadores ni un lock-out patronal sino una innovación global: un paro de cártel, como si el narcotráfico interrumpiera su negocio en reclamo de mejores precios. Lo que la asociación de futboludo argentino protesta, suspendiendo todos los partidos de sus torneos del 3 al 8 de marzo, es que la oficina de impuestos le reclame unos 13 millones de dólares de tributos que se embolsaron a lo largo de un año y medio. Lo que debe ser apenas un vuelto respecto a lo que debieron lucrar más allá de lo lícito a lo largo de 35 años su anterior presidente y su sucesor. ¿Cuándo se jodió el deporte y se impuso el negocio?

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No es que la AFA sea oveja negra: su superior la CONMEBOL (confederación sudamericana) tiene no menos de tres presidentes denunciados y/o presos por manejos sucios de dinero. Pero que se trata de crimen organizado a nivel mundial lo demostró el escándalo FIFA hace una década, con docenas de sus directivos de todas nacionalidades procesados o entre rejas por corrupción, latrocinio y fraude en escala millonaria. Parte del escándalo tuvo que ver con la forma cosanostrista en la que se eligieron las últimas copas mundiales disputadas en Rusia y en un país donde podrían jugar fútbol en dromedario. Pero el opresivamente rico Qatar, gran compadre de Hamas en Gaza, es donde el ex presidente Mauricio Macri tiene buen puerto y base hasta para soñar ser el próximo capo de la FIFA, empresa multinacional con miles de millones de dólares en caja y que mueve muchos más cada año.
El actual presidente de la asociación local hace poco espetó una frase que lo pinta entero a él y la actividad que preside: “El fútbol es del pueblo y el pueblo no se vende”. Esta grosería peronista (que oculta la otra grosería peronista de que todo se compra y vende) tiene ecos de aquella que pronunció Diego Maradona en La Bombonera en 2001: “La pelota no se mancha”. En esa misma frase había vociferado otra insensatez que su propia figura desmentía: “el fútbol es el deporte más lindo y más sano del mundo”.
Esto es oprobiosamente falso. El futboludo es el único deporte en que se puede pagar una carísima entrada para ver jugar durante hora y media a dos equipos que valen docenas de millones de euro y acaban cero a cero. O bien donde un equipo cuyos jugadores valen un millón de euro marean a goles a otro equipo de diez o cien millones de euro. Jorge Lanata decía que lamentaba que cientos o miles de millones de pobres pagaran para ver a 22 millonarios correr y patear una pelota. Pero la pornografía que ganan los futboludistas es poco comparado con lo que embolsan a nivel nacional, regional y global los dirigentes.
En Argentina, el futboludo no se puede jugar con los simpatizantes de ambos equipos en el mismo estadio, ya que habría muertes todos los fines de semana. Aún así, un partido puede implicar una movilización policial comparable a la de una manifestación de ultraizquierda violenta. Los partidos pueden estar arreglados con coimas a los árbitros o los jugadores. Las barras bravas (que unen fútbol, narcotráfico y política) amenazan a los jugadores de su propio equipo. Los jugadores protagonizan toda clase de desmanes y tropelías en el campo de juego. Las copas y torneos nacionales de la AFA son de una naturaleza ridícula de comprender y se puede otorgar una inventada e inexistente copa de campeón sin que pase nada.
Escribió Carlos Pagni en “La Nación” (26/12/25): “Las apuestas deportivas están muy ligadas al negocio de los clubes. No sólo porque las grandes empresas auspician a esas instituciones. Existe un submundo que vive del dinero de los apostadores en relación con los partidos de fútbol. Es una actividad clandestina de la que, en infinidad de casos, viven hasta los familiares de los futbolistas, en especial de lo que compiten en clubes del ascenso y ganan sueldos muy modestos. ¿Quiere decir que los resultados del fútbol están contaminados por las exigencias de los capitalistas de juego? Esta es la deformación que estaría avanzando desde hace algunos años. Y mueve fortunas.”
La del futboludo es una enfermedad que trasciende a la Argentina. En diciembre pasado, en Calcuta, miles de fanáticos hindúes (muchos con camiseta argentina, lo que parecía tornar más natural el vandalismo) que habían pagado incluso más de 100 dólares sólo para ver a Lionel Messi se enfurecieron cuando este apareció a lo lejos y rodeado de chupamedias por apenas 20 minutos y destrozaron todo lo que pudieron. El futbolista tuvo que mirar en pantalla la aberrante inauguración de una estatua suya de 21 metros de altura contigua a otra de Maradona. Los organizadores del evento fueron acusados de corrupción.
Me deja estupefacto que esta actividad violenta y delincuencial, que hace décadas era exclusivamente masculina, se haya vuelto también una pasión femenina de mujeres que lo ven, comentan y juegan. Siempre digo que el fin de este esperpéntico deporte llegará el día no lejano en que un equipo femenino golee a un equipo masculino. Aún más estupefacción me produce que haya “intelectuales progresistas de izquierda” que se deleitan con el fútbol al punto que alguno llegó a fungir de comentarista de copas mundiales.
Es grotesco: un deporte mal concebido desde el inicio, transformado en un ridículo teatro donde se fingen lesiones e infracciones, se pelea a gritos, trompadas y patadas entre jugadores y quizá con los árbitros, donde los jugadores pueden “valer” cifras pornográficas, donde todo el entorno y contexto es de violencia, corrupción y delito… es materia de regocijo y reflexión deportiva para almas bellas pensantes.
Es que cualquiera puede hablar de futboludo. En cambio, para hablar de rugby sin hacer el ridículo hay que saber bastante. Pero un deporte de ingeniería de equipo, sin corrupción, con poquísima violencia y nada de primedonne, donde la palabra del árbitro es sagrada y jamás se la discute y donde antes del partido se suele saber quién ganará por su nivel técnico, no tiene gracia.
Y sólo faltan semanas para la gran pesadilla mundial. Todos los pobres del mundo, unidos, contribuirán con su óbolo a esa inmensa colecta para la multibillonaria FIFA. Y hasta habrá comentaristas deportivos progres de izquierda, para variados gustos.
ADDENDA: en mi relectura final a dos días del inicio de la huelga que según leo está ratificada, veo además que la violencia ligada al futboludo argentino creció 30% en 2025 y sólo en el área metropolitana de Buenos Aires causó unos 3.600 heridos. Lo más lindo y sano del mundo.
ADDENDA 2: Gianni Infantino, el presidente de la FIFA, en diciembre de 2025 se inventó y le entregó a Donald Trump un farsesco “Premio FIFA de la Paz”.

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