14. La mirada de las chicas de pueblo chico

Hay una mirada de las chicas de pueblo chico y perdido que me resulta recurrente: cuando un solitario forastero como yo pasa en su camioneta por las calles lentamente a la hora de la siesta y ellas se están sentadas chimentando en los zaguanes. No es la mirada curiosa de los niños ni la mirada aburrida de los viejos. Es una mirada sensual y hasta sexual, casi devoradora, profundamente femenina. Y que sólo sucede en esos pueblos perdidos donde no hay nada para hacer. Mi camioneta no es lujosa y aunque no soy capaz de juzgar mi propio aspecto es claro que no ando de levante por esos pueblos perdidos de la patria a la hora de las cigarras enfurecidas. Sólo paso por ahí, curioseando un poco al pueblo y ni siquiera a sus mujeres. Pero con extraña frecuencia me siento profundamente curioseado por esas miradas hembrunas que saltan desde los zaguanes al asalto del forastero de paso. Invariablemente vuelvo a la ruta vacía en medio de la nada con la vaga sensación de haber protagonizado una leve, casi imperceptible experiencia erótica.

