18. Los paseos de artesanos

 In Blog, Guía Existencial Argentina, IV. Ciudades y pueblos

Cuando vivía en España pasé la mayor parte de 1979 vagando de una ciudad a otra como biyutero, es decir vendiendo bijouterie de baratijas hechas en Taiwan: nunca fui capaz de hacer nada con mis manos. Conservo un buen recuerdo de esos meses nómades junto a María, mi rubia novia valenciana, viajando en autos desvencijados comprados en Holanda, durmiendo en pensiones baratas, comiendo tapas en los mercados, “pillando costo” aquí o allá, cenando en tabernas con otros sudamericanos de la misma suerte, disfrutando la tolerancia pueblerina de los españoles de aquellos tiempos. Así que no tengo nada contra los vendedores ambulantes y menos contra los artesanos. Me parece que una sociedad próspera y democrática debe tener amplia tolerancia para que los jóvenes y no tan jóvenes bohemios y errantes vendan cosas en las calles y las plazas o toquen música a la gorra donde les parezca; pienso incluso que la figura del clochard o linyera que vive en la calle (me resisto a usar ese deleznable giro políticamente correcto “en situación de calle” hoy de moda) es necesaria: toda sociedad productiva necesita bien el contrapunto de esas personas a veces magníficas que rechazan integralmente todo lo que acepta mansamente la mayoría de la gente. Vivir sin familia, sin trabajo, sin casa, a lo sumo con un perro: es un derecho sacrosanto y natural que toda sociedad civil debería amparar y proteger generosamente y sin resquemores. A mi gusto la figura del clochard o linyera no empobrece al paisaje urbano sino bien al contrario, lo enriquece. Me resulta un fascismo deleznable eso que hizo hace unos años un alcalde de Nueva York, “limpiando” las calles de esta clase de bohemios extravagantes.

Pero me choca un poco que el “Paseo o Feria Artesanal” hoy sea un ítem casi obligatorio en toda ciudad argentina que se precie. Está muy bien que cada centro urbano tenga su espacio reservado a los artesanos locales y visitantes pero me pregunto: ¿es que hay realmente tantos? Me parece que no, y que muchas veces bajo ese título se amparan revendedores de toda clase de baratijas plásticas o textiles. Entre la feria artesanal de El Bolsón (que es la más tradicional, cuidada y lograda del país, junto a la de Recoleta) y lo que se ve en la peatonal San Martín y aledañas de Córdoba a la noche o en las veredas del Once porteño todos los días (hasta que los desalojó la policía) no hay nada en común: una cosa es el artesano individualista y creativo que vende sus trabajos y otra los revendedores de fruslerías industriales organizados por mafias.

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