19. Los vendedores y propagandistas con altavoces

 In Blog, Guía Existencial Argentina, IV. Ciudades y pueblos

Si hay algo que no soporto son los vendedores ambulantes de huevos, papa o sandía y compradores de chatarra y baterías viejas que deambulan por los suburbios e incluso por barrios porteños en chatas desvencijadas vociferando con altoparlantes carraspeantes a las nueve de la mañana de un sábado o domingo o a la hora de la siesta su “señora baratita la sándia diez pesos la bolsa de papa compramo su batería vieja…” a veces para colmo rematado con columna sonora de cumbia villera. Incluso si fuera un comercio admisible y no desleal con los comerciantes de cada barrio, no entiendo porqué la necesidad brutal del altoparlante: ¿porqué no usan las flautas de pan de los afiladores de cuchillos ambulantes que circulaban por los barrios porteños hace décadas, que eran igualmente audibles y no fastidiaban tanto? Me cansé de tratar de organizar a mi vecindario contra estos abusos sonoros y de llamar a la comisaría local para denunciar ruidos molestos: ahora cuando me fastidian, recurro a mis tapones de cera en los oídos.

Lo interesante del asunto es que como efectivo método de publicidad y propaganda el móvil con altoparlantes fue usado por primera vez en el mundo en la Alemania de la década del 20 por Adolf Hitler y sus secuaces. Es una forma de propaganda nazi en el origen y en el espíritu, ya que no hay nada más totalitario que obligar a barrios enteros a escuchar forzosamente un mensaje de cualquier índole. Será por eso que cuando hacía campañas políticas, el ex intendente de Escobar el subcomisario Luis Abelardo Patti, luego condenado por crímenes hediondos y aberrantes, le dio una vuelta de rosca a la idea y en vez de chatas usaba avionetas con altoparlantes para su propaganda y hasta para recordar a los vecinos que pagaran los impuestos. Merecía estar preso más no sea por eso.

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