16. Tomás Jofré y la gran comilona argentina

 In Blog, Guía Existencial Argentina, IV. Ciudades y pueblos

Es un caserío de la pampa a unos treinta kilómetros de Mercedes de cuatro calles de tierra y pocas casas: cuando en los años ‘90 Doctor Menem clausuró el ramal de ferrocarril que pasaba por ahí (estación Born) el lugar empezó a morirse. Y entonces algunos vecinos tuvieron la idea de desarrollar un “pueblo gastronómico” que ofreciera lo que todos sabían hacer: asado. Empezaron con tres o cuatro parrillas de gestión familiar abiertas sólo en fines de semana y la cosa tuvo tanto éxito que hoy hay una veintena e incluso algunas que de familiar y lugareño no tienen nada: son sucursales de parrillas y restaurantes porteños. Todos ofrecen lo mismo: entradas de fiambres y empanadas, pastas, generosas porciones de asado con papas fritas o ensaladas y postre, a un precio razonable. Mi favorita es Santa Victoria, frente a la ex estación.

Ahora bien: en Tomás Jofré no hay nada más que dos decenas de restaurantes, algún negocio de productos regionales (verbigracia salame mercedino), una venta de artesanías, unos matungos para que los chicos den una vueltita a caballo y nada más. Ni siquiera hay una gran plaza o lindo parque arbolado para tirarse a siestear tras la comilona y como las calles son de tierra y con bastantes autos, no cabe tampoco la alternativa de una buena caminata para hacer la digestión. Uno queda ahíto, sin saber muy bien qué hacer. Porque lo más interesante de ese pueblo tenue esparcido en la llanura en definitiva es uno mismo, reflejado en los demás: todas esas familias porteñas y bonaerenses comiendo pantagruélicamente. Hay algo de comunión o de alegre experiencia mística que nos liga a uno de los significados más profundos de la Argentina para los millones que somos de descendientes de inmigrantes: el definitivo adiós al hambre europeo. Creo que el éxito de Tomás Jofré es haber llevado la gastronomía a un terreno superior, el de la epifanía estomacal argentina. Primero porque es un pueblo donde todos hacen lo mismo: dar de comer. Segundo porque hay que peregrinar en auto hasta allí y no hay nada más que campo alrededor. Tercero porque transforma el Sabath o Domingo en un ágape democrático donde todos prueban lo mismo. Cuarto porque aunque la calidad es buena, es comida casera muy sencilla y lo que prima es la abundancia. Y quinto porque cuando uno termina de comer no hay cómo distraerse de esa importante sensación de haber morfado como bestias.

Showing 2 comments
  • Hugo Caligaris
    Responder

    Estoy muy poco carnívoro últimamente, así que ésa sería una razón más para no ir a Tomás Jofré, pero no para no haberme dado el placer de leer una nota tan inteligente, tan bien enfocada y tan bien escrita como ésta. ¡Gracias!

    • Diego Bigongiari
      Responder

      ¡Gracias Hugo! (bueno, también ofrecen pastas…)

Responder a Diego Bigongiari Cancelar respuesta