La metáfora náutica: del mar a la política

 In Blog, Metáfora naútica

Un ensayo sobre el uso de las metáforas náuticas en el análisis político, con un acento en la tormentosa Argentina.

“The Great Wave at Kanagawa”. Diseñada por Katsushika Hokusai. Licencia bajo dominio público

Desde la antigüedad clásica (cuando el Estado era apenas, en el mejor de los casos, una asamblea de vecinos varones ricos y los barcos eran a remo y vela y navegaban sólo en buen tiempo y en vista de la costa) hasta hoy (cuando el Estado puede tener tres poderes autónomos y millones de empleados, los barcos pueden ser más grandes que una ciudad antigua y sus tripulantes más numerosos que aquellos habitantes) existe esa curiosa idea de comparar al Estado con una nave, algo tan objetable como la idea de la “navigatio vitae”, es decir la vida humana entendida como un viaje náutico, concepto demolido por el filósofo Hans Blumenberg quien también, con su metaforología, criticó el uso liberal de las metáforas en el lenguaje filosófico y político.

Si la pequeña Atenas de hace dos mil quinientos años podía, según Platón o Aristóteles, compararse con un birreme, comparar a Estados Unidos o China con una nave moderna me parece una falsificación a la que sin embargo acuden con frecuencia los políticos y los analistas políticos. Por no hablar de la Argentina y el Titanic, tema al que dedico aquí un capítulo.

La metáfora náutica equipara dos mundos antipódicos: el líquido mar, que pese a su estado calmo o tormentoso no cambia a través de los milenios, y la tierra firme, mucho más cambiante que el mar. Equipara también contextos opuestos: las naves (que sólo tienen un capitán cuyas órdenes nadie discute) y los países, donde suele haber división de poderes e incluso en las tiranías ningún déspota concentra todo el mando y el poder como lo hace un capitán de barco.

Pero más allá de la muy discutible validez teórica de la metáfora náutica en sentido estricto, lo que me causa gracia o carcajadas (y a veces me enoja) es la recurrente ignorancia marina de quienes aluden a barcos y tormentas para hablar de países y problemas económicos o políticos. ¿Cuál es la utilidad o significado de “metáforas” basadas en improvisados disparates inexistentes? Creo que muy poca y más, pienso que puede ser incluso engañoso, dañino. En vez de aclarar, oscurecen.

Recopilé durante varios años estas “metáforas” (que las más de las veces no son más que simples gansadas) pensando no tanto en quienes las pergeñan y lo seguirán haciendo, con conocimientos náuticos que se limitan a su jugar de niños con barquitos en la bañera. Lo hice pensando en cambio en quienes tienen alguna cultura o saber náutico, porque son ellos quienes podrán disfrutar la desopilante ignorancia de los metaforizadores náuticos terrícolas, esos humoristas involuntarios.

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