1. “La nave del Estado” y “el timón”: el origen de la metáfora náutica en la política (II)

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Arraigada en la antigüedad clásica, la metáfora náutica tuvo una expresión culminante en el burlesco irreligioso del Narrenschiff, la Stultifera Navis o la Nave de Locos de Sebastian Brandt (1494). Más políticamente, en Los Seis Libros de la República4 de Jean Bodin (1583).

Barco de locos según Sebastian Brandt (1494)

Pero también Roger Bacon, un par de siglos antes, utilizó la expresión “You are in the same shippe” (“Estáis todos en el mismo barco”) y Erasmo de Róterdam la citó en sus Adagios (“eadem is navi“, “todos en la misma nave”). El jurista y escritor inglés William Prynne (1600-1669) retomó el argumento en 1643: “those who are conversant in the same danger, are said to be in the same Ship” (“aquellos que conocen el mismo peligro, se dice que están en el mismo barco”).

En los años fundacionales de los Estados Unidos, Thomas Jefferson fue un conspicuo cultor de la metáfora náutica al punto que en 2003 el profesor de ciencias políticas Charles A. Miller le dedicó un libro (“Ship of state: the nautical metaphors of Thomas Jefferson“) al que dedicaré un capítulo, pues es un trabajo excepcional: Miller recopiló metáforas náuticas de muchos otros autores y políticos, antes y después de Jefferson. Por su parte, el poeta estadounidense Henry Wadsworth Longfellow en su poema Oh Ship of State, a mediados del siglo XIX, alcanzó un pico retórico: “¡Tú, también, navega, Oh Nave del Estado! / ¡Navega, Oh Unión, fuerte y grande!“.

Acuñada y circulante la metáfora náutica de “la nave del Estado”, el proceso metaforizador marino continuó enriqueciéndose. Edward Gibbon, en su “Decadencia y ruina del Imperio Romano” al referirse a Antonino Pío, acuñó otra metáfora náutica perdurable: “en el espacio de los veinte y tres años que empuñó el timón del estado (…)“(la empuñadura del timón, como se vio, proviene de Platón). Gibbon no tuvo más relación con el mar y la navegación que la de un cruce a vela del Canal de la Mancha. Pero como buen inglés de esa época, tenía una inevitable contigüidad con las cosas náuticas, como hoy cualquiera tiene con las computadoras. La metáfora “empuñar el timón del estado” es bonita, pero defectuosa si se la analiza un poco. En lo más superficial, está que ningún capitán empuña el timón o la rueda: es trabajo del timonel que se limita a hacer lo que le ordenan. Pero también es cierto que el vocablo náutico “gobernalle” es pariente próximo de gobierno y gobernante y en el mar se habla del gobierno de una nave cualquiera. En todo caso, esta metáfora fue reproducida al infinito pero nunca nadie encontró el timón de un Estado. Las naves poseen timón o gobernalle porque se mueven y tienen un rumbo, pero los estados no se mueven, no siguen derrotas o rumbos, ni tienen rueda o timón: por autocráticos que sean sus gobiernos, son bastante más complejos de gobernar que una simple nave que solo puede elegir entre mantener el rumbo o virar a babor o estribor, si se quiere también arriar velas o parar la máquina e incluso fondear anclas. Sin embargo la expresión “al timón” (“at the helm“, en inglés) es empleada habitualmente en la prensa de todo el mundo, incluyendo los más serios diarios anglosajones. Por ejemplo, el 12/4/45, el New York Times tituló “London Hears Hitler is Dying; Himmler Reported at Nazi Helm” (“Londres oye que Hitler está muriendo, Himmler tomaría el timón nazi”).

La culminación es la figura de El Gran Timonel, dedicada en China Popular a Mao Tsé Tung: al parecer su origen se remonta a una canción escrita por un tal Wang Shuangyin en 1964, titulada “Navegar los mares depende del timonel“.

Los jovencísimos Guardias Rojos de la nefasta Revolución Cultural entre los años 60 y 70 la tenían como una de sus favoritas. De allí nació el metafórico apodo del dictador. Infobae (31/1/15) reprodujo un tweet de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en su escala marroquí de un viaje oficial a China Popular donde resumió no sólo su ignorancia sobre historia china reciente pero además la falta de asesores que la informen: “En 1949, Mao, ‘El Gran Timonel’, dirigiendo a un gran pueblo, llegaba al final de la larga Marcha de la Revolución y empezaba otra: Convertir a un país milenario, con demografía geométrica y pobreza inenarrable en lo que es hoy, la mayor economía mundial. Producto de la construcción de un modelo propio de crecimiento y desarrollo”. En 1949 Mao no era “timonel” y jamás impulsó el capitalismo salvaje que, después de su muerte, hizo crecer a China.

El periodista italiano especializado en China Simone Pieranni en su blog Il Partito, en un artículo titulado “Timone” (30/9/22) apuntó que en el Diario del Pueblo se escribió que “el secretario general Xi Jinping está al timón” y menciona a Bill Bishop en Sinocism: “Hay un masivo empuje propagandístico en acto en torno al tema “navegación”, con repetidas referencias a Xi como variante del timonel, no con la expresión 舵手 (duoshou, timonel) utilizada para Mao sino con 掌舵掌(linghang zhangduo)” que significaría “al timón”. Y agrega Pieranni: “En realidad de esta posibilidad –que Xi Jinping sea definido “timonel” como Mao Zedong– se habla desde hace mucho tiempo”. Y también agrega que el término “timonel” fue aplicado antes a Chiang Kai-shek, en el órgano del Kuomingtang Central Daily News, el 18/5/45, en un artículo titulado “El timonel de la nueva era china”. Y que en los órganos del Partido Comunista Chino también se denominaba “timonel” tanto a Lenin como Stalin. Chris Buckley en el New York Times (22/10/22), “China Hangs on Xi’s Every Word. His Silence Also Speaks Volumes.” (China se aferra a cada palabra de Xi. Su silencio también dice volúmenes”) escribió: “El partido está promoviendo al Sr. Xi como el “navegador” de la nación frente a las intensificadas amenazas”.

 

4“Pero después que la tormenta impetuosa ha atormentado a la nave de nuestra república con tal violencia que el Patrón mismo y los Pilotos están como abandonados y agotados por un trabajo continuo, es necesario que los pasajeros presten la mano, quien a los cordámenes, quien al ancla y aquellos a quienes les falte la fuerza, que den algún buen consejo o que presenten sus votos y ruegos a aquél que puede comandar al viento y calmar las tempestades, porque todos juntos corren un mismo peligro”. Esta metáfora contiene la semilla del unanimismo contenida a su vez por la idea de que “estamos todos en la misma nave”, aunque no en el mismo lugar de ella.

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