31. El apagón subsidiado

Desde que volví a vivir acá a fines de 1987 no recuerdo haberme interesado por los precios y prestaciones de los generadores eléctricos de emergencia más que durante el gobierno de Doctor Alfonsín y en los últimos años, con el gobierno de Doctora Fernández de Kirchner. Sólo pienso en tener un caro y ruidoso generador de emergencia cuando los cortes de luz se vuelven demasiado largos o frecuentes. Al final Alfonsín pasó y la provisión de fluido eléctrico se incrementó bastante en los años siguientes, junto a su precio en pesodólares. Entonces yo escribía en máquinas de escribir eléctricas y mecánicas y sólo tenía televisión abierta y radio en casa. En el verano 2012-2013 los microcortes y minicortes de luz eran casi cotidianos en Escobar donde vivo y generalmente trabajo: había días de media docena. Y cada tanto, pero con frecuencia, ocurrían cortes o apagones largos, con uno récord que duró cuarenta y ocho horas. Si fuera agricultor, albañil o remisero no me calentaría mucho más que por la heladera…pero mi problema es que trabajo con computadoras y uso mucho Internet, correo electrónico, etc. Cada microcorte o apagón era una interrupción brutal de mi trabajo, a veces con pérdida de información y horas de laburo o imposibilidad de despacharlo. Tuve que tomar varios recaudos y aun así a veces terminé enviando o recibiendo trabajo en el wi-fi del café o la estación de servicio más cercana, si tenían luz. Cada corte de luz me descarajinaba los modems y los routers y más de una vez tuve que llamar al técnico para resetearlos o cambiarlos: eso por suerte ya no ocurre. Había casi olvidado que un hogar bonaerense del siglo XXI en “un país en serio” necesitaba estar provisto de lámparas de emergencia led o kerosén y un stock permanente de velas y fósforos. La singular coincidencia de apagón y noche de noticias importantes (por ejemplo, la noche de las elecciones de 2011) me llevó a descubrir el uso de mi vieja camioneta de casi dos toneladas como simple aparato receptor de radio AM/FM con asientos reclinables.
Nuestro sistema eléctrico cada verano padece siempre más frecuentes picos de una suerte de fiebre negra africana cuyo principal síntoma es el comportamiento errático y binario del flujo eléctrico.
Las facturas de electricidad de EdeKafka llegaron a ser surrealistas: un sello diagonal en grandes letras rojas o grises CONSUMO CON SUBSIDIO DEL ESTADO NACIONAL a pesar que incluye 21% de IVA; un impuesto provincial del 10%; un Fondo Provincia de Santa Cruz de 0,6%; un Fondo Provincia de Buenos Aires de 5,5%; una Contribución Municipal del 5,42% (que además cobra una Tasa Municipal por Alumbrado Público donde las lámparas de la calle las pongo yo) y otra Provincial del 0,64% más un cargo fijo equivalente a todo lo anterior bajo la críptica voz Res. Sec. Energía Nº 745/05 Valor Estabilizado. A pesar del subsidio, el 50% de lo que se paga son impuestos: poco falta para que cada vatio tenga casi tanto impuesto como el combustible.
A mi gustaría que EdeKafka simplemente me diera luz no a 180 o 200 sino a 220 voltios las veinticuatro horas todo el año y me cobrara una tarifa uruguaya, brasilera o chilena con 21% de IVA y nada más. Aceptaría pagar un plus para un Plan Municipal de Enterramiento de Cables Eléctricos, Telefónicos y de Video. Después de 4 años de macrismo y 2 de monigotismo energuménico el mal servicio, con baja tensión y picos que queman las fuentes, sigue igual.
A nuestra vieja SEGBA afectada por la misma fiebre oscura africana el Estado Nacional la privatizó en varias empresas pero años después las estranguló… cosas que a veces suceden en los matrimonios. Así nació la empresa distribuidora y comercializadora de electricidad EdeKafka, que junto al Estado me tiene harto con sus crípticas estrofas de impuestos en cada factura y su servicio a la Nairobi. Energía eléctrica subsidiada… para trabajar cada vez más con pluma y papel, a la luz de las velas. A fines de 2012, la crisis del sistema de producción y distribución eléctrica nacional, empezó a tener ribetes de pesadilla. Un día fui a pagar una boleta de luz a la oficina escobarense de EdeKafka y estaba cerrada, porque los cristales de su fachada habían sido destruidos por una turbamulta enardecida gracias al prolongado no-servicio público subsidiado.
Tras dos años y medio de energumenismo liberfacho las tarifas aumentaron mucho, el servicio mejoró un poco en cuanto a cortes y para nada en baja tensión y el que venía a atacar los curros de la casta le está cediendo el entero sistema de producción y distribución a un par de amigotes del palo.

