32. Cablerío aéreo

Si un turista extranjero me preguntara qué es lo visualmente más feo de nuestro país le diría que (exceptuando los tugurios de las peores villas miseria, que sólo se ven desde el tren) son la basura en lugares públicos y el cablerío aéreo. A través de estas dos cosas veo y deduzco el origen de buena parte de los males de Argentina. De La Quiaca a Ushuaia somos un hormiguero bastante sucio y desprolijo donde una aplastante mayoría de cada una de las hormigas demuestra en forma habitual y cotidiana que carece de una conexión profunda con su entorno, al que no cabería arrojarle desperdicios. Si los argentinos fuéramos personas mentalmente sanas y bien educadas no tiraríamos la cantidad de basura que tiramos a la calle, las plazas, los parques y las banquinas de las rutas. Nuestro lado sucio individual se nota ahí.
Y nuestro lado público sucio está a la vista en el cablerío aéreo eléctrico, telefónico, óptico y de video que ensucia todas las calles de Argentina salvo en barrios privados: sobran los dedos de una mano para contar las ciudades argentinas que no tienen cablerío aéreo. En algunas ocasiones, el cablerío es una espantosa telaraña privada colgando en cielo público, como en ciertas calles céntricas de Olavarría. Además de feo, es frágil a la intemperie y débil ante los robos. Todos los días en toda la Argentina se pierden quién sabe cuántas horas de trabajo por que sopló un ventarrón y se cayó un árbol o varios postes y/o se robaron algún centenar de metros de cable de cobre. A veces también, al azar, el cablerío condena a súbita pena de muerte en la calle eléctrica a algún incauto peatón de día tormentoso.
En el cablerío aéreo está firmada en el cielo la lóbrega y sistemática complicidad de nuestras autoridades nacionales, provinciales y municipales y nuestros funcionarios con empresas rentables al menor costo posible.
