El Alienígena

 In Blog, Milei

Fue a mediados de enero de 2024 que el diario católico romano L’Avvenire llamó así a Javier Milei, tras su paso de modesto eco por Roma y una entrevista con Giorgia Meloni de recíprocas buenas intenciones pero luego sin conferencia de prensa conjunta, lo que algo significa en italiano.

Creado por ChatGPT Imagen que tituló de motu propio Alien politician adressing the Cosmos

Me pareció un mote ben trovato para alguien tan motejador como el presidente: calza con la imagen que se fue armando dentro mío desde que, hace apenas poco más de tres años, viendo el entusiasmo que despertaba este estrafalario desconocido entre algunos jóvenes y cómo crecía su caudal político, comencé a llenar mis lagunas de telenovidente y sordoradial con un poco de streaming en YouTube.

Sus patillas, messy hair, vociferaciones, groserías, gesticulaciones e ideas me resultaron intragables y me molestó mucho que denigrara al socialismo (equiparándolo con su acérrimo enemigo el peronismo) que dio a algunos de los mejores políticos que tuvimos: Juan Bautista Justo, Alfredo Palacios, Nicolás Repetto. Y la cooperativa El Hogar Obrero. Me asombraron las barbaridades que dijo y tuiteó sobre Francisco I y sobre China, me hizo reír las varias veces que repitió que “Argentina era primera potencia mundial”: ¡un economista! Su antikeynesianismo fóbico y fanático también me causaba gracia.

Entonces, 2023 por esta época del año, leí “El Loco” de Juan Luis González y quedé bastante estupefacto con hijos perros clonados con quienes mantiene fluida comunicación, Aarón y Moisés o su hermana jefe perrocomunicante, su pasión por Jabad Lubavich y su rebbe, sus terribles progenitores, su celibato. Como buen italiano, terminé de hacerme la idea de que no se trataba de un terrícola normal cuando leí que no bebía jamás (¡ni una copa de vino, un whisky con hielo y soda, un gin tonic!) sino sólo ¡energy drinks con gaseosa y azúcar añadido! Y que detestaba la simple visión de las papas fritas, durante semanas podía comer pizza comprada porque no sabe hacer un huevo frito y se alimentaría con píldoras. Le vi y oí decir, en serio, que era maestro de sexo tántrico. Como tuve un abuelo paterno genuinamente liberal, ya antes de las elecciones olfateaba que este abstruso sujeto, de liberal no tenía un pelo. Era epidérmicamente autoritario, antihumanista. Con su motosierra a símbolo fálico y su aspecto desaforado se hizo famoso urbi et orbi. Ganó y se la creyó. Otra vez más, como con ambos K, la mayoría de los argentinos eligió un presidente que sólo habla su idioma natal, que leyó poco y nada, que hasta grande nunca salió del país y que desprecia el buen comer y beber. Lo único bueno que se le conoce es su pasión por la ópera.

Y así, con él y su hermana en la primera carroza, comenzó el corso a contramano de la presidencia Milei Hnos. Las insolencias de su discurso inaugural, los pedantes y desubicados despropósitos (¡leídos sin alzar jamás la vista!) en Davos, dos veces. Las peregrinaciones al Ohel del cementerio Montefiore en Nueva York para rezar frente a la tumba del rabino Schneerson. Llantos en el Muro de los Lamentos, baile con rabinos en Israel, la peripatética obsecuencia ante Donald Trump, los baños de ultraderechismo en españolas salas de Vox, zalamerías con Bolsonaro, Bukele, Orbán, etcétera. Una delirante clase de economía antikeynesiana en el Luna Park.

No estoy entre quienes creen que el Segundo Principio de la Termodinámica no aplica a la Argentina. Había que disminuir la inflación, ajustar gastos del Estado (¡y las provincias, todavía muy panchas con sus 1.199 diputados y senadores muy bien pagos y con asesores, cuando en muchos Estados de los Unidos opulentos respecto a nuestras provincias es trabajo honorario o con módico reembolso diario!), desmontar marañas y patrañas regulatorias, dejar de subsidiar empresas o amparar piratas y acabar con los piquetes ruteros y callejeros, esto es, con el reparto discrecional de ayuda social. Algo de todo esto hizo, el Alienígena.

¿Pero a los gritos e insultos, maltratando a propios y ajenos? ¿Usando a la política, la inteligencia y la justicia más viejas y sucias? ¿Haciendo presuntos negocios privados o cobrando accesos y coimas? ¿Dejando a una persona, para colmo pariente de primer grado y sin ninguna formación, al mando del gobierno? ¿Con un funcionario que dirige áreas clave y factura como consultor? ¿Haciendo lo más autoritario y menos liberal que existe, 11 cadenas nacionales en lo que va de mandato, robando el aire a todas las emisoras? ¿Dejando gastar a los argentinos en viajes al extranjero, en pleno duro ajuste de los que no pueden, 12 mil millones de dólares en los primeros dos años? ¿Y con mucho más que esa cifra soplada fuera por el carry trade, que nos deja qué? ¿Abriendo indiscriminadamente importaciones sin eliminar o reformar antes impuestos y “costos argentinos”? ¿Comiéndose el capital de las rutas e infraestructura sin manutención? ¿Logrando “equilibrio fiscal” en base a licuar jubilaciones y salarios y contabilidad prestidigitadora? ¿Insultando en Brasil a su presidente y un juez de la corte suprema?

Ya estaba resignado a que, con estos métodos alienígenas y actuación de extraterrestre la administración Milei Hnos. era de flojo o mal augurio. Entonces vi, por streaming la semana pasada, los discursos del Alienígena en el Hotel Alvear ante una conferencia del Consejo de las Américas y, al día siguiente, otra más larga ante la Bolsa de Comercio de Rosario…que llamó de Buenos Aires. En ambos casos, gracias a la inteligencia artificial de mi buscador, fui deteniendo Youtube para chequear sus afirmaciones y acabé aburriéndome porque todas eran discutibles o falsas: la inflación, el equilibrio fiscal, la deuda cuasifiscal, muertes por el COVID, aborto y natalidad (que definió “reposición”), morosidad crediticia, etcétera.

Reforzó mi impresión de que no estaba viendo o escuchando a un humano sino a un alienígena su total falta de empatía con ambos auditorios: supuesto profesor universitario, ignora que no es lo mismo leer que hablar y cuando se lee, hay que pausar en cada párrafo para alzar la vista y mirar al público. También hacer alguna gracia, sólo que las suyas carecen de eso. Todos los humanos que conocí en mi vida que sabían mucho de algo, lo explicaban en palabras sencillas. Este alienígena recurre a teorías y argumentos que nadie del común conoce, cita libros y autores y además de sus muletillas tartamudescas (“digo”, “digamos”) mecha su blablablá con plétora de expresiones en inglés con perfecta traducción al castellano (“el Estado abortó el proceso de learning sino que además genera un problema de mora de hazard”).

Inconexo, salta de un tema a otro con anacoluto tras anacoluto, gesticula blando y mal con las manos, recurre una y otra vez al turpiloquium. Es la primera vez que veo y escucho a un presidente argentino insultar a su predecesor en el cargo, lo cual también me lo hace extraterrestre, junto a ese repetido recurso de hacer con su voz un falsetto de retardado mental para decir lo que diría Doña Rosa sobre la vida diaria. Lo veo leer, con anteojos, frases de discurso oral improvisado. Más allá de su aspecto físico (parecía que le hubieran dado una sobredosis de corticoides) colmó la distancia interplanetaria con los argentinos al clamar su visión, indiscutible, sobre los futuros y derivados de la aplicación del Segundo Principio de la Termodinámica a la Argentina. El Alienígena se plantó como la voz y la conciencia del bien y la moral nacional y planetaria, despreciando con sarcasmo a quien sea opine otra cosa. Ignora que entre los humanos que habitan este planeta eso es algo normal, aceptable y deseable. En las partes más libres del mundo, el delito de opinión no existe.

El mundo del que proviene este alienígena me resulta un espanto que la ciencia ficción todavía no describió, que yo sepa. Si lo dejan hacer, para conocerlo bastará con venir a visitar Argentina.

Addenda: ayer, el Alienígena se despachó con otro discurso de 40 minutos ante un auditorio de alumnos de la escuela colegio ORT en su 90 años, donde al inicio reconoció que se trataba de una institución laica pero en definitiva judía lo que lo habilitó para un interminable sermón de Torá y la lectura del epílogo de su último libro. Es el primer presidente argentino que hace todo uno con ética, moral, economía, política y vida cotidiana de judeocristianismo, como si semejante cosa fuera posible y deseable. Vino a decir la suya, bastante desubicado, no a hablar con los presentes. Y acabó desorbitándose al denunciar al mundo el satanismo de Marx.

Leave a Comment