Israel: ¿pero así no lo hacían los nazis?

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No soy más que un distante y aislado observador de lo que sucede en Medio Oriente y en Israel desde bien antes del 7 de octubre negro. Soy hebreo por ser hijo de madre hebrea pero de una familia no practicante y agnóstica desde al menos mi bisabuelo. Me defino judío según el laico tensor cósmico Marx-Freud-Einstein. Hasta aquí llega mi judeidad.

Ya expliqué mi simpatía devenida antipatía hacia Israel así que no vale repetirlo. También escribí algo sobre la guerra contra Irán.

Lo que en estas últimas semanas me desconcierta es la forma en que está actuando Israel en Líbano. Admitamos que las colinas hasta el río Litani y más allá están llenas de túneles donde se esconden cohetes hezbollianos, y que también en la zona sur de Beirut había muchos chiítas y hezbollianos y quiźa también alguno oculto en otros barrios residenciales. Lo razonable habría sido planear la operación junto al gobierno y el ejército libanés, felices de liberarse de Hezbollah y de Irán.

En cambio, sin acuerdo ni preaviso, a puro cohetazo y bombazo. Hacer desplazar a un millón de pacíficos civiles ¿no suena un poco nazi? Demoler todo un barrio y en otros, enteros edificios gubernamentales o residenciales con su gente adentro sin preaviso y un funcionario israelí amenazando con reducirlo todo a Gaza, ¿no recuerda a los nazis en Varsovia, 1944? Matar a cientos de civiles y destruir la propiedad como “daño colateral” sin hacerse cargo, ¿no huele a nazismo?

Luego está esa aparente mayoría de Juden fur Lebensraum in Judäa und Samaria, setecientos mil colonos asentados en tierra ajena, ocupada, robada: ¿no recuerda a los soñados asentamientos de Hitler en Rusia y Ucrania? ¿Y esos camisas pardas o SS circuncisos supremacistas judíos que atormentan y asesinan a inocentes y pacíficos lugareños?

O los tanques IDF transitando sobre cementerios musulmanes en Gaza y la destrucción de todo, incluídos cultivos e invernaderos, hasta el puertito pesquero.

Son demasiados niños, mujeres, ancianos, enfermeros y médicos, periodistas y fotógrafos asesinados entre Gaza, Cisjordania y ahora Líbano.

La primera vez que unos judíos llamaron nazi a otro judío fue en 1948, cuando Albert Einstein, Hannah Arendt y docenas de destacados judíos norteamericanos publicaron una carta repudiando la visita a Nueva York del terrorista Menachem Begin. Hoy no cabe duda que los ministros Itamar Ben Gvir y Bezalel Smotrich del gobierno del acusado criminal de guerra Benjamin Netanyahu son naziisraelíes. Ya se verá en las elecciones de este año, pero temo que buena parte de la sociedad israelí hoy sea nazifascista: militarista, imperialista, racista, autoritaria.

Me llena de alegría que Israel haya perdido su único aliado europeo, la Hungría iliberal de Orbán. Ahora sí que la Unión Europea podrá sancionar y condenar a Israel donde le duele. La UE puede anular el tratado de libre comercio con Israel, puede eliminar los fondos que le regala para investigación, puede imponerle visado a los israelíes. Todo es poco para que comprendan que son una nación paria despreciada por el mundo entero a la que le quedan, por ahora, sólo dos aliados: Trump y Milei.

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