23. Guapos y matones arquitectónicos

Mirando ciudades argentinas se lee en la arquitectura que el guapo y el matón históricamente andan sueltos o muy poco regulados. Hay atropellos y ofensas edilicias inexplicables en nuestro país, que me duelen porque revelan nuestros problemas para gustarnos y cuidarnos: una nación loca que se hace cicatrices en el rostro. Empecemos por la Catedral de Buenos Aires, que más allá de parecerse por fuera más a una biblioteca pública estadounidense o a un parlamento francés que a una iglesia de país latino es el templo central de la República. Pues bien: detrás de ella luce aún más imponente la blanca medianera de un banco que al menos tiene el buen gusto de dejarla en blanco y no alquilarla a una empresa de publicidad urbana. Aún más descabelladas me parecen esas torres de departamentos y oficinas de Puerto Madero que se elevan por detrás de la Casa Rosada empequeñeciéndola más de lo que es y de lo que ya la empequeñece el Edificio Libertador del Ejército Argentino, que es la culminación del género edilicio “acá están los matones”: había que ser profundamente fascistas y militaristas para ofender al poder civil republicano con esa mole, que en el plan original preveía otra similar dedicada a la Armada Argentina al otro lado pero después fue construida en el puerto. Me pregunto cuántas y cuáles naciones de la tierra permiten que detrás de uno de sus palacios de gobierno (el Ejecutivo) surjan como hongos edificios que sólo con Photoshop se podrían obliterar de las postales. El Poder Ejecutivo no ve nada raro ni sucio en que a la espalda de su sede le construyan rascacielos: si lo mismo ocurriera a las espaldas del Congreso Nacional o el Palacio de Tribunales, la República Argentina estaría perdida y librada a los monigotes prepotentes. Un anticipo de eso ya está planteado desde la última dictadura militar en el alto rascacielos que rompe toda la escala de la Avenida de Mayo y el simbolismo de la unión visual entre la Casa Rosada y el Palacio del Congreso.
Veamos más: en San Miguel de Tucumán la Casa de Gobierno toleró que justo al lado le construyeran un edificio de departamentos, que durante años para mayor burla lucía una gran propaganda de Coca Cola en la atroz medianera. En Salta se admitió que junto a su Catedral se construyera un banco de anónima arquitectura moderna, que después de todo fue lo menos ofensivo que pudo ser. En Santa Fe, Bahía Blanca y San Nicolás se ofende en modo atroz a la dignidad de sus catedrales con edificios de propiedad horizontal que curiosamente fueron consentidos y construidos cuando nuestros tan católicos militares nos gobernaban, ciegos a estos simbólicos atropellos a la dignidad edilicia y a muchos otros aun mas graves a la dignidad humana. Me gustaría pensar que estas barbaridades fueron posibles porque en esos tiempos no había diputados ni concejales ni era permitido manifestarse en las calles pero no puedo, viendo lo que en plena democracia pasó en Goya y Paso de los Libres (Corrientes) donde con toda impunidad espantosas antenas de telecomunicaciones le hacen cuernos por la espalda a los templos católicos centrales de cada ciudad. No soy católico (ni creyente) pero me ofende profundamente ver una antena de celulares sobresaliendo detrás de mi foto de una catedral argentina. Si yo viviera en esa ciudad y fuera católico, creo que sería capaz de colocar una carga de dinamita una noche en una de esas de torres y estaría feliz de pasar en la cárcel los años que fueran necesarios por ello.

