¿Los Milei son patrimonialistas?

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Fue la lectura de un artículo en The Atlantic (“One Word describes Trump”, de Jonathan Rush, 24/2/25) la que me despertó la pregunta si acaso en Argentina su gran admirador el energúmeno Milei y su Jefe no estarán acaso intentando aplicar un estilo de gobierno similar al del Monstruo Naranja.

Gloso algunos fragmentos del artículo para que se comprenda qué significa “patrimonialismo” y porqué es un término más adecuado que “fascista”, “autocrático”, “autoritario” o “populista de derecha” para describir la distopía que ocurre en Estados Unidos. El término “patrimonialismo” fue acuñado por Max Weber, quien lo denominó así “porque los gobernantes se proclamaban padres simbólicos del pueblo: la personificación y el protector del Estado. En su época, Weber creía que el patrimonialismo estaba condenado a desaparecer. Su estilo de gobierno personalizado era demasiado inexperto y caprichoso para gestionar las complejas economías y maquinarias militares que, tras Bismarck, se convirtieron en los sellos distintivos del Estado moderno”.

Así, escribe Rush, “El patrimonialismo es menos una forma de gobierno que un estilo de gobernar. No se define por instituciones ni normas; más bien, puede contaminar todas las formas de gobierno al sustituir las líneas de autoridad impersonales y formales por otras personalizadas e informales. Basado en la lealtad y las conexiones individuales, y en recompensar a los amigos y castigar a los enemigos (reales o percibidos), se encuentra no solo en los Estados, sino también entre tribus, pandillas callejeras y organizaciones criminales.(…) En su forma gubernamental, el patrimonialismo se distingue por administrar el Estado como si fuera propiedad personal del líder o un negocio familiar. Se puede encontrar en muchos países, pero su principal exponente contemporáneo —al menos hasta el 20 de enero de 2025— ha sido Vladimir Putin. (…) El modelo patrimonial ganó terreno en estados tan diversos como Hungría, Polonia, Turquía e India.”

Y aquí está la clave, según Rush: “Es necesario comprender qué no es el patrimonialismo. No es lo mismo que el autoritarismo clásico. Y no es necesariamente antidemocrático.(…) La antítesis del patrimonialismo no es la democracia; es la burocracia, o, más precisamente, el procedimentalismo burocrático. El autoritarismo clásico —el tipo de sistema que se vio en la Alemania nazi y la Unión Soviética— suele estar fuertemente burocratizado.(…) Por el contrario, el patrimonialismo desconfía de las burocracias; después de todo, ¿a quién son leales exactamente? Podrían adquirir poderes propios, y sus normas y procesos podrían resultar obstructivos. Las personas con experiencia, conocimientos y currículos distinguidos también son sospechosas porque aportan independencia y autoridad. Así, el patrimonialismo llena el gobierno de personas insignificantes y oportunistas, o, cuando es posible, elude por completo los procedimientos burocráticos”.

Tal como pretenden los Milei, “Los líderes electos han intentado desmantelar los estados administrativos burocráticos (a los que a veces llaman «estados profundos») construidos durante décadas en favor del gobierno de familiares y amigos. Narendra Modi de la India, Viktor Orbán de Hungría y el propio Trump son ejemplos de líderes patrimoniales electos, que han logrado un considerable apoyo popular y legitimidad democrática”.

Pero el patrimonialismo contiene la semilla de su propia decadencia: “Aunque se evite el autoritarismo, el daño que el patrimonialismo inflige a la capacidad del Estado es grave. Los mejores profesionales del gobierno renuncian o son expulsados. Las misiones de las agencias se distorsionan y sus prácticas se corrompen. Los procedimientos y las normas se abandonan y se olvidan. Funcionarios públicos, contratistas, beneficiarios de subvenciones, corporaciones y la ciudadanía en general se corrompen por la costumbre de buscar favores.(…) El patrimonialismo es corrupto por definición, ya que su razón de ser es explotar al Estado para obtener beneficios políticos, personales y financieros. En todo momento, está en conflicto con las normas e instituciones que impiden la manipulación, el saqueo y el desmantelamiento del Estado”.

El grosero escándalo $Libra, el aún más grosero escándalo de las coimas del 3% en la Agencia de Discapacidad (motivo del hit “Karina es harta coimera”), la vergüenza de la Chocolatería Rigau de La Plata donde los libertarios actuaban igual que los peronchos y los viajes y propiedades que no cierran del contador Adorni (que naturalmente la justicia argentina no investigará a fondo mientras Milei sea el presidente del Jefe), además de la larga experiencia patrimonialista de Pichichi, parecen comenzar a revelar el presunto lado crematístico del corso a contramano que comenzó en diciembre de 2023.

En todo lo demás, el modelo del energúmeno coincide con el de sus admirados Trump y Orbán.

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