21. ¿Es posible conservar nuestras ciudades y pueblos?

Se puede conservar la identidad urbana y se puede contener a la especulación inmobiliaria y edilicia. Los pueblitos de la Quebrada de Humahuaca y el Valle Calchaquí capearon el siglo XX bastante indemnes con algunos pocos estropicios como los hoteles estatales de Tilcara y Humahuaca o sin ninguno como Cachi, que es un buen ejemplo de conservación del patrimonio y el entorno en clave turística pero sin perder la identidad de un pueblo de aborígenes. Una de las cosas que me sorprende de lugares como Humahuaca y Tilcara es que siendo localidades turísticas desde hace más de medio siglo y no siendo más que pequeños pueblos su identidad cultural se conserve en forma tan marcada: basta caminar por sus calles para ver que sólo una parte de los comercios y servicios están orientados al turismo, en tanto que el resto son para los lugareños. Los peores estropicios en ambas localidades los hizo el Estado con los respectivos hoteles de turismo, fruto de un fascismo arquitectónico al que no le cabía la noción de adaptarse al entorno: por fortuna las variadas inversiones privadas que hubo en hotelería en los últimos años no hablan en ese grosero lenguaje.
San Martín de los Andes es otro ejemplo: confieso que a mí no me deslumbra, pero no dejo de apreciar la forma en que la pequeña ciudad cuida su entorno urbano. San Martín no me gusta porque está encajonada en un valle, no tiene horizonte más allá de su breve costanera y el estilo de su arquitectura que abusa de los revestimientos en ciprés me resulta de un excesivo conformismo burgués. Son los barrios más residenciales de San Isidro y Punta del Este traspuestos a la Patagonia, es Cariló en los Andes australes. Algo parecido me pasa en Villa La Angostura, que como emplazamiento me parece mucho más bonita pero que también muestra el mismo excesivo conformismo de la arquitectura “andina austral” revestida en ciprés. Las dos ciudades no sufren de abuso edilicio en su casco céntrico pero sí de excesivo crecimiento habida cuenta de su limitado espacio geográfico: ambas harían bien en implementar un bloqueo edilicio y detener el vertiginoso crecimiento de sus barrios, porque ya superaron el límite de lo razonable: la erupción del volcán del cordón Puyehue en el invierno de 2011 intentó ese efecto. Ninguna de las dos puede seguir poblándose con cuentapropistas que construyen más cabañas y trabajadores de la construcción y los servicios: cada nuevo habitante hoy son diez turistas menos en el futuro. Lugar para fundar nuevos centros urbanos en la Patagonia no falta.

