Pensamientos sueltos
Hoy desperté con el salir del sol en el horizonte como cada día soleado y como cada día, me dí vuelta para seguir dormitando un poco. Acostumbro a despertar con café negro y lectura de las noticias del país y del mundo. Se me cruzó por la cabeza algo novedoso: me pregunté qué noticias me habría alegrado más leer esta mañana.

Amodorrado, empezaron a desfilarme ideas en la cabeza. Pronto se me fueron ordenando: “Putin asesinado” fue el titular que más me habría gustado leer, casi a la par de “Trump removido por el Congreso”, “Xi Jingping desplazado y desaparecido”, “Netanyahu declarado culpable de corrupción y encarcelado”, “A Kim Jong Un se lo comieron sus propios perros”. Algún titular imaginario nacional se me cruzó por la cabeza pero lo descarté por sus consecuencias, tal como: “Destituido el presidente Milei por insania. Asume Villarruel”. Y otro me resultó inverosímil: “Paz definitiva en Medio Oriente: Israel reconoce a la República de Palestina”. El wishful thinking también hizo lo suyo: “El estallido de la burbuja IA lleva a la quiebra a Meta, Amazon, Google, X, Tesla y Palantir” (pensándolo bien, creo que esto último sería lo que más me habría gustado leer esta mañana. Prefiero un mundo con Putin, que se morirá solito antes o después, pero sin Musk, Zuckerberg, Bezos, Altman y todos los de su repugnante calaña).
¿Porqué los idiomas no tienden a ecualizar sus hallazgos? Por ejemplo, los verbos ser y estar del castellano, ¿no deberían ser incorporados a otros idiomas? En inglés podría decirse to be y to ve, you are y you an, o en italiano essere y stare. Uno de los enriquecimientos que podría tener nuestra lengua es adoptar la sustancial distinción del inglés entre solitude y loneliness, que en castellano podría decirse soledad y solonía. Cada idioma tiene sus joyas expresivas, lástima no poder compartirlas.
Leo por ahí que en Estados Unidos hay cada vez más gente que abandona los celulares inteligentes y vuelve a lo que llaman dumb phones, aquellos que sólo permitían llamadas y mensajes primitivos. No lo entiendo, o lo entiendo sólo en el caso de las personalidades adictivas. Para mí el smartphone es uno de los placeres de vivir en esta época. Salvo si espero una llamada, lo tengo siempre silenciado porque no soporto su variedad de soniditos. Gracias a él, hace años que dejé de usar reloj pulsera, despertador y timer en la cocina. Tengo grabador y cámara de foto y video en el bolsillo, además de toda la enciclopedia y cartografía que necesite. No lo uso para la música (me gusta escuchar música en casa, de mis vinilos) ni para leer (prefiero la pantalla grande y, obviamente, el papel) pero lo hago cuando tengo tiempos muertos, por ejemplo esperas de consultorio. Además contiene el correo, la mensajería y las videollamadas, la billetera y varios servicios más. No comprendo a quién puede molestarle tener todo eso en un sólo artefacto. Que además, en los modelos que uso, es más barato que cualquiera de los aparatos a los que sustituye.
Todavía me río de esto:
постановляю:
1. Дозволити 9 травня 2026 року провести парад в м. Москві (Російська Федерація).
Así no se entiende mucho la gracia, pero es la más grandiosa tomadura de pelo de la política mundial en mucho tiempo. La traducción reza:
decreto: 1. Permitir la celebración de un desfile en Moscú (Federación Rusa) el 9 de mayo de 2026.
Lo firma un tal Zelensky, meándole en la calva a un tal Putin. Aplaudo al heroico comediante.

