13. Otra de Chile y Argentina: dar dos nombres a la misma cosa

Entre Chile y Argentina pasa algo anacrónico y más bien ridículo: la cristalizada manía de pretéritos geógrafos militares de ambos países por dar distinto nombre a la misma cosa. Además de algunos pasos fronterizos y un retazo de la última glaciación (que Chile llama Campo de Hielo Sur y Argentina, Hielo Continental) hay cuatro lagos patagónicos que gozan de este bizarro privilegio. Algo que hasta donde sé no se repite en América, Eurasia o Africa. De norte a sur y con su nombre argentino primero son los lagos Vintter-Palena, Buenos Aires-General Carrera, Pueyrredón-Cochrane y San Martín-O’Higgins. Asombrosos hermanazgos de la geografía sudamericana extrema, donde hasta fines de siglo XX se disputaban límites continentales y aún se disputa sobre la Antártida, que no es de nadie. Por ventura Lago Argentino no está en la frontera: del otro lado se llamaría Lago Chileno.
Imagine el lector que el lago Titicaca fuera Mariscal Sucre en su sección boliviana y Libertador Bolívar en la peruana. O que el lago Superior se dividiera en un lago Washington y otro Queen Victoria*. Si cundiera por el globo esta fiebre argentinochilena, Tanzania y Zaire podrían cortar al medio al lago Tanganika apodándolo unos Nyerere y los otros Mobutu. Israel y Jordania tendrían sobrados motivos para hacer lo propio con el Mar Muerto, llamándolo al oeste Presidente Weizmann y al este, Rey Hussein. Si Francia y Suiza se plegaran a nuestra moda sudaca de un Leman obtendrían respectivamente los lagos General De Gaulle y General Guisan. Y qué si los países del Mar Caspio enloquecieran all’uso nostro y cada uno diera nombre distinto al agua común invocando a dictadores, príncipes, caudillos, brigadieres, generales, almirantes, bandoleros o piratas rusos, arzebaiyanos, persas, turkmenos o kazakos haciendo la felicidad de sus respectivos cartógrafos oficiales y la desgracia del resto de la humanidad.
Imagínese peor: que nos pusiéramos igual de fieros con bolivianos, paraguayos, brasileros y uruguayos y llamáramos con distinto nombre a todos los ríos de nuestras fronteras. Hasta el Río de la Plata podría dividirse en un Río Gardel Oriental y un Río Gardel Occidental, o un Río Artigas y al otro lado del actual “Límite Interior” el Río Rivadavia, Rosas, Urquiza, Mitre, Yrigoyen o Perón –a piacere.
Una comisión binacional de sabios en cuestión de semanas podría arreglar esta aberración toponímica militarista en la Patagonia que nos ridiculiza a chilenos y argentinos. Ay: dos presidentas convivieron unos años a ambos lados de los Andes y no acabaron con esta guerrita machista (todos nombres masculinos) de los mapitas oficiales entre Argentina y Chile, prohibidos en el país contiguo a lo largo de cuatro mil kilómetros… cosa de chinos y rusos más que de naciones hermanas hijas de la misma Madre Patria. O cosa de países hermanados por un irresuelto vínculo familiar disfuncional de dos siglos.
Para contribuir a la solución del complejo intríngulis cartográfico en materia lacustre argentino-chilena propongo que el actual lago Buenos Aires-General Carrera se unifique en lago San Martín y que el hoy lago San Martín-O’Higgins adopte su nombre chileno. A los lagos Vintter-Palena y Pueyrredón-Cochrane sería políticamente correcto unificarlos con sus respectivos nombres araucanos o mapudungun rescatados de algún mapa, catastro o archivo de la conquista, o por boca de los propios lugareños. Y llamar ambos países Campo de Hielo Continental Sur al último resto de la última glaciación… antes que se derrita.
*Resulta distópicamente inverosímil, pero hoy gobierna a Estados Unidos un “pelotudo caro” al que se le ocurrió llamar “Golfo de América” al Golfo de México y “América” a la mitad estadounidense del Lago Ontario. Sin duda, ser más imbécil de lo que fueron los militares argentinos y chilenos del siglo XX es digno de mención. Pero al Monstruo Naranja lo votaron.

