33. La hora de la bomba de neutrones

 In Blog, Guía Existencial Argentina, IV. Ciudades y pueblos

En mis viajes de trabajo nunca paro a dormir la siesta y así a menudo atravieso pueblos y ciudades que entre el mediodía y las cuatro o las cinco de la tarde viven esa hora única, quieta e inmóvil que llamo “de la bomba de neutrones”: esa arma diabólica inventada por los militares estadounidenses que mata a todos los vertebrados superiores pero es inocua para el resto de las cosas. A mí me resulta muy sugestivo ese paisaje urbano de calles desiertas bajo el toque de queda solar: incluso el pueblito más sencillo se carga de misterio cuando no hay nadie en las calles y reina un silencio mineral. Las casas con sus postigos cerrados me recuerdan esas flores que se abren o se cierran con la luz. La cuadrícula urbana se me antoja un laberinto de zaguanes, patios interiores y dormitorios oscuros donde se oculta otra vida. Me encanta que en toda la mitad norte de nuestro país haya cientos de pueblos y millones de personas que endican cada día al tiempo productivo y lo embalsan en un remanso onírico. Y me parece adorable que los sanjuaninos llamen “hacer un siestero” a hacer el amor. Como decía Noël Coward, “la hora en que sólo los perros locos y los ingleses andan por las calles”. Y uno mismo, curioseando en auto.

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