7. Intérprete en la OTAN

Uno de los pasajeros más interesantes que guié era un intérprete simultáneo en los cuarteles centrales de la OTAN en Bruselas. Una noche de esas noches argentinas al final del mundo me contó un poco de cómo era su trabajo y las conferencias en las que trabajaba, que cuando eran de máximo nivel contaban con la presencia de primeros ministros o jefes de estado.
Los había visto pasar a todos y sus comentarios personales sobre ellos eran muy divertidos. Del entonces presidente estadounidense George W. Bush decía, por ejemplo, que sus discursos eran tan absurdos que contenían enteras frases intraducibles, carentes de sentido ya en su idioma original. Del jefe de gobierno español Aznar aseguraba que era una de las personas menos simpáticas y más desagradables que había visto por allí. Del inglés Tony Blair dijo que era verbalmente tan sagaz como para venderle un buzón a un cartero. Del presidente francés Sarkozy destacaba la rapidez mental y la inteligencia y también hablaba muy bien de la canciller alemana Angela Merkel y del ex presidente estadounidense Bill Clinton. De uno sólo no habló, porque me aseguró que era un personaje incalificable en el mal sentido de la expresión: el italiano Berlusconi.
Después de escuchar un rato estos secretos de cocina de la OTAN, le pregunté si no era preocupante que la máxima organización militar mundial tuviera cabezas así pero me tranquilizó: los jefes de estado son nada más que máscaras para la opinión pública. Los que resuelven todos los problemas son los funcionarios de segunda línea y allí suele haber personas más serias y preparadas que en la propia jefatura del Estado.

