Intimidades

 In Blog, Milei

Escribo esto para mis adentros. Lo publico aquí porque no veo razón para ocultarlo.

No voté ni a Milei ni a Massa en las últimas elecciones presidenciales, porque me resisto a elegir entre dos platos de mierda.

De los ya dos años y medio que lleva el energúmeno bocasucia ensuciando el Sillón de Rivadavia sólo apruebo que haya disminuido la inflación y que se hayan acabado los piquetes. Todo lo demás me provoca vergüenza, asco, indignación, rabia. Pero eso ocurre si leo los diarios o miro noticias en streaming, como suelo.

Hay otro aspecto (grave, en lo personal) sobre el que no necesito informarme: se volvió una experiencia mía concreta, tangible. No me siento solo en eso.

A medida que avanza este corso a contramano del energúmeno bocasucia y la detestada tarotista y repostera que nadie votó, constato cómo ya casi mes a mes debo sacar de abajo del colchón dólares para pagar cuentas y gastos. Aún habiendo reducido al mínimo o a nada lo suntuario (viajes, restaurantes, libros, etc.) el dinero no me alcanza. Como prometió el energúmeno bocasucia el primer día, “no hay plata”.

Desde que volví a vivir a la Argentina en 1987, salvo durante la catástrofe económica del 2001-2002, nunca pasé por algo así.

Los precios de prácticamente todo lo que compro me hacen sentir robado, asaltado, expoliado. Que las pastas secas (¡en Argentina!) cuesten más caras que en Italia (cuyo precio medio ronda un euro) es un robo. Que la leche (¡en Argentina!) cueste bastante más que en Italia es un robo. Que los chorizos de cerdo cuesten apenas ¼ menos que en Italia es un robo. Que el mondongo o la nafta cuesten 30% menos que en Italia es un robo. Que el lomo cueste apenas la mitad que en Italia es un robo. Que el arroz Carnaroli argentino sea 30% más caro que el italiano es un robo.

Todo ello me tiene harto y, si pudiera, vendería todo y me iría a vivir a otro país menos ladrón, con gobernantes y opositores menos caraduras. Lamentablemente por razones familiares no puedo, pero apenas pueda lo haré.

Hace un año, a pesar de las estrecheces, deseaba que a este corso a contramano del energúmeno bocasucia le fuera bien en lo económico y mal en la payasada de su “batalla cultural”.

Hoy deseo que le vaya mal en todo. Y ansío poder irme de este país populista y autoritario sea de ultraderecha mileísta o de seudoizquierda kirchnerista.

Mi fantasía es irme a vivir con mi pasaporte italiano a alguna de las islas Azores.

Mar y montes lejos del mundo pero no tanto, mucho verde, atún fresco barato, cero delincuencia, costo de vida razonable y azorianos tradicionalmente socialistas.

Ojalá.

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