Bibilandia es una porquería, Israel debe renacer

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Hace unas semanas, los rabinos ingleses Charley Baginsky y Josh Levy, que representan ⅓ de las sinagogas del Reino Unido, afirmaron que el Israel actual es una “amenaza existencial” no solo para sí mismo, sino también para el judaísmo en general y que “no representa los valores judíos”. Más o menos por los mismos días, el historiador del Holocausto Omer Bartov (ver Israel: ¿qué salió mal?) publicó un libro que lleva su crítica hasta el origen mismo de un país sin fronteras oficiales ni Constitución. Bartov afirma tajantemente que lo que hizo y hace Israel en Gaza es genocidio, esa palabra que tanto le cuesta tragar a muchos judíos.

Protesta contra el gobierno de Netanyahu

Pero bueno, siempre están quienes responden que es fácil criticar a Israel desde la comodidad de un buen lugar lejano, quien dice que no se puede llamar nazi a ningún judío, o el payaso que me tilda de “judío antisemita”. Estas personas no parecen comprender la indignación y el asco que causa ver a supremacistas judíos actuando como nazis, asesinando palestinos (incluidos cientos de niños) porque sí. Tengo para mí, que nunca estuve allí, que hay cosas que ni Israel ni un judío pueden hacer. Los más delirantes rabinos ultraortodoxos sostienen que el Holocausto fue provocado por ese dios que les es prohibido nombrar, para castigar pecados de los judíos europeos. Es evidente (salvo para esos locos barbudos y chiflados) que si existiera un dios capaz de hacer gasear a millones de niños inocentes (suponiendo que los adultos y ancianos fueran culpables de algo) más valdría mandar a la mierda a esa divinidad y buscarse otra mejor. El Holocausto, en mi opinión personal, es o debería ser una condena eterna al humanismo de los hebreos, a ser exactamente lo contrario que un nazi, para siempre. Lamentablemente no es así. Hace más de 40 años, el filósofo israelí Yeshayahu Leibowitz acuñó el término “judeo-nazis” que tan bien calza a no pocos israelíes.

Hoy me produjo un alivio esperanzado leer en The Guardian  que una carta no pública (escrita y enviada por el abogado Shmuel Berkowitz) al prófugo de la Corte Penal Internacional que encabeza el gobierno israelí y alguien hizo conocer. Está firmada por dos ex primeros ministros, ex jefes de todos los servicios de seguridad, ex jueces y ex embajadores, un ex fiscal general, el Nobel David Kornberg y el más famoso escritor del país, David Grossman, rabinos, académicos e intelectuales. Es una carta de amenaza: si el gobierno de Netanyahu no cesa de inmediato con el “terrorismo judío” en Cisjordania (enumerando los asesinatos, violaciones y abusos de toda laya que los que llamo colonazis cometen desde hace años con la complicidad del ejército israelí) será denunciado ante la Corte Suprema, el único poder que controla al gobierno. Al que acusan de apoyar económica, política y legalmente a los colonazis y de crear una cultura de la impunidad, donde ejército y policía no hacen nada y se pasan la pelota. Desmienten las versiones de que los “terroristas judíos” son unas pocas decenas o cientos. Denuncian a los ministros nazifascistas Ben Gvir e Israel Katz y a otros altos funcionarios por ordenar a las fuerzas de seguridad no interferir con los que llamo Juden fur Lebensraum in Judäa und Samaria y sus SS circuncisos, que incluyen soldados, reservistas, fuerzas locales de autodefensa y civiles armados con armas del ejército. Afirman lo evidente: es una clara política de “limpieza étnica” de palestinos para acabar de ocupar y finalmente anexar a Cisjordania, como pretende el repugnante ministro Bezalel Smotrich.

Lo más contundente de esta carta-bomba al gobierno israelí dice: “Los crímenes de terrorismo judío en los territorios son reminiscentes de crímenes similares y pogromos cometidos contra nuestro pueblo por otras naciones en Europa del Este en los siglos XIX y XX”.

Ignoro que sucederá con esta lúcida carta, pero a mí me sirve para cerrarle el pico a esos judíos que, desde Argentina hasta Israel, pretendieron refutar mis opiniones sobre Israel tras la masacre islamonazi del 7/10/23: igual que muchos israelíes, todos ellos perdieron la brújula moral. Y espero que en las próximas elecciones el asqueroso gobierno de Netanyahu (que logró que buena parte del planeta vea a la Estrella de David como una esvástica y que el antisemitismo cunda por el globo) se acabe y resurja un Israel fundado en el humanismo y los valores judíos. De lo contrario, al menos para mí, Israel desaparecerá y sólo existirá Palestina. Porque quienes voten más de esta inmundicie a mi gusto no se irán al Gehinom (el confortable y superable Infierno de la religión hebraica) sino a la última malebolgia del muy peor y eterno Infierno de los cristianos.

Imagen de una manifestación contra Netanyahu en Tel Aviv

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