Fernando Iglesias: ¿Milei no es populista?
El pasado 12 de septiembre en su edición digital el diario La Nación publicó una extensa columna (1.600 palabras o 10 mil caracteres, tantos cómo ésta) que recibió del ex diputado, hoy duplo embajador en Bruselas* e “inocente fiscal” (se ignora el monto) Fernando Iglesias. Éste había titulado de modo bizarro su texto: “Betisarlistas. Austinistas. Brigadas militantes contra los molinos de viento”.
Aclaro que conocí a Fernando Iglesias cuando era diputado. A instancias del encargado de prensa de la editorial, le envié mi novelita Peronium con una dedicatoria (nunca supe si leyó el libro) y allí me enteré que su mujer Ana era una colega mía, guía también de Lihué Expeditions. Al tiempo me invitaron a cenar a su departamento: me interesaba conocer la opinión de Iglesias sobre la demarquía. Pero antes, desde el aperitivo, quiso saber de mí y descubrimos (también por el prólogo a Peronium) que teníamos un amigo común, Loris Zanatta, él desde bien antes que yo.
Con la cena de langostinos y lisa preparada por Ana, buen vino y una larga sobremesa donde bebí buen alcohol hasta mi límite, conversamos también de política y las desventuras de ser un reconocido opositor. Pero fueron sus opiniones sobre la demarquía las que me hicieron ver que estaba ante un político: descreía incluso del juicio por jurados y como ejemplo ponía que por caso a él lo juzgara un jurado electo entre ciudadanos de una provincia cualquiera del peronismo profundo. Sostenía que el perfil de los diputados argentinos representaba de modo bastante genuino lo que son los argentinos. Distinguía entre el discurso público y los modos internos de la política argentina. Me resultó una persona lúcida y cálida, bien que siempre ecuestre montando en la política con sus arraigadas convicciones antiperonistas.
Pero vamos a la columna de marras. Ya el título me asombró, con esa creación del neologismo betisarlistas. Líneas más abajo Iglesias sentencia: “He denominado betisarlismo a la variante argentina del austinismo internacional en homenaje a su más talentosa representante, una brillante analista del discurso que empezó su experiencia política apoyando a Isabel Perón desde el Partido Comunista Revolucionario y cuyos discípulos terminaron llamando a votar a Massa en 2025 “en defensa de la democracia”. Ojalá Beatriz Sarlo estuviera en este mundo para comentarlo. Supongo que sería algo así como una ducha de ácido sulfúrico para el inventor del término, quien en los ‘70 era trotskista. Beatriz seguro rió mucho cuando Jorge Dorio y Martín Caparrós en el Monitor Argentino, allá por 1989, lanzaron aquél “¿Habrá que analizarlo?” “¿Estudiarlo?” “¿Beatrizarlo?” (cito de memoria). Pero ignoraba que existieran betisarlistas. Recuerdo que en aquella cena mencioné alguna opinión de Beatriz e Iglesias se rió y dijo que ni su marido tomaba en serio las opiniones de su mujer. No quise ahondar, pero el diputado me dejó perplejo.
Gracias al otro neologismo del título (“austinistas”) descubrí a través de Wikipedia quién fue John L. Austin, un largo artículo donde no se menciona la existencia de austinistas en Argentina. Todo parece hacer perno sobre la cuestión de si las palabras pueden cambiar la realidad. Mete en la bolsa de los “betisarlistas” y “austinistas” a los “wokistas de todo el mundo”.
Los betisarlistas se caracterizan “por realizar exhaustivos análisis de la situación sin mencionar jamás una cifra, un dato, un elemento objetivo de la realidad, un hecho”. Suma a Nietzche por una frase de sus escritos póstumos (“no hay hechos, sólo interpretaciones”) que habría que tomar sine ira et cum studio.
Luego el columnista la emprende con “el panelismo argento”, mundo que desconozco y me resisto a conocer. Todo ello viene al cuento de Iglesias porque “para todas estas personas, con enorme influencia en el establecimiento del consenso ideológico nacional” (¿lo qué?) Milei es un populista de derecha. “No puede haber dudas. Su discurso exalta al hombre común y enfrenta a la casta. Su estilo apela a las emociones más que al razonamiento. Se dirige directamente al pueblo y detesta la mediación de los periodistas y los políticos. Etcétera y etcétera. Pueden seguir así por horas”.
Para rebatir esto, Iglesias se mete solito y desnudo en un berenjenal. Sostiene que los líderes populistas, todos y siempre, disfrutaban del poder personal ilimitado (lo que, más allá de Fidel Castro, merecería un examen más detallado: varios de éstos se autoconsumieron, literalmente, en el poder) y que Milei “no disfruta del poder sino que lo usa para modificar el mundo (…) Es más un profeta que un rey”. El mono que vimos saltando en recitales de seudo rock y en un escenario tocando el trasero de su novia eran sosías de Milei. Las jaulas modelo para sus cuatro cinco perro-hijos no existen, ni tampoco el veterinario fijo pagado por los contribuyentes. Sus 45 viajes al exterior, más de 4 meses de estadía y casi 6.300 millones de pesos de gasto fueron todos por estrictas razones de Estado, ninguna de carácter personal. El que habló ante asambleas de ultraderechistas y recibió galardones desconocidos también era un sosía de Milei.

Creado por ChatGPT Image que tituló de motu propio Alien politician adressing the Cosmos
El antibetisarlista afirma que “Lejos de concentrar el poder en su persona, se dedica obsesivamente a los dos ejes que domina: la economía y la comunicación, y delega todas las tareas específicamente ligadas a la adquisición, administración y conservación del poder en un equipo cuya cabeza visible es su hermana, a la que denomina significativamente “el Jefe”. No encuentra nada bizarro en eso, que hasta el día que asumió Milei estaba prohibido por la ley. Y se olvida de lo bien que domina el tuiteo, que lo mantiene ocupado durante horas cada día, para agraviar o autoexaltarse. La “comunicación”, que le dicen.
Ya en el ridículo, afirma que “Cualquiera que haya hablado con él sabe que su intención es retirarse definitivamente de la política una vez cumplidos los dos mandatos que considera, con acierto, necesarios para impulsar el cambio en la Argentina”. O sea: en la asunción de Milei entre los invitados había sosías de Víktor Orbán, Jair Bolsonaro y Santiago Abascal. Y es mentira que Milei no emplea jamás la palabra “democracia”.
El columnista que nos representa en Bélgica y la Unión Europea asegura que Milei tampoco alberga la pulsión del populista para destruir las instituciones, aunque reconoce que aquí puede haber dudas. Es que el “topo que viene a destruir al Estado por dentro” no quiso apuntar al juez Lijo en la Corte Suprema, ni nombró a una caterva de jueces de muy dudosas credenciales, ni está destruyendo al CONICET, al INTA, a Parques Nacionales y a las Fuerzas Armadas (pilotos de F-16 con sueldo de colectivero), etc.
Tampoco olfatea Iglesias ningún atisbo de autoritarismo. Las instituciones que limitan al Ejecutivo funcionan “mucho mejor que bajo los gobiernos del peronismo”. Todos los manoseos al Poder Judicial son ficticios y los “procesos contra el Presidente, la hermana del Presidente y el exjefe de Gabinete” avanzan con singular celeridad, sin interferencias. No se soborna o extorsiona con dinero a las provincias para obtener su voto en el Poder Legislativo, aunque se usan “vetos, argucias e instrumentos que no provocarán la alegría del purismo republicano”. No se le cortó la pauta de publicidad a los diarios, Milei no entregó al dueño del diario La Nación la lista de periodistas que gustaba ver despedidos, Marcelo Longobardi sigue en la radio, nadie quiso hacerle juicio por “espía rusa” a Luciana Geuna, el bestia de Adorni no existió, etc. No ensalzó a Pinochet en Chile. Todos los ya millares de insultos disparatados contra los periodistas pesan lo que una pluma, porque para Iglesias el lenguaje carece de “carácter performativo”.
Sin sentido del ridículo, Iglesias ve una “campaña mediática tan unánime” contra el gobierno y acusa a “betisarlistas y austinistas” de no decir nada sobre las barrabasadas del peronismo, aunque Beatriz Sarlo haya sido una crítica mucho más contundente que él del kirchnerismo.
El mileísta de marras sobrevuela que jamás en la historia de una presidencia (argentina o del mundo) un mandatario profirió tanto turpiloquium contra el periodismo, apoyado por ejércitos de trolls pagados por los contribuyentes.
Abusa de la verdad cuando arguye que Milei “No es nacionalista”: el que vociferó en escenarios internacionales repetidas veces la mentira de que Argentina era “primera potencia mundial” no era Milei. Tampoco es Milei el que usa el conflicto de Malvinas en provecho propio.
Miente cuando dice que no habría “aumento del poder del Estado en detrimento del de los individuos” porque no existió el DNU 941/2025 que propicia el espionaje y ciberespionaje de la ciudadanía, no hay un incremento desmesurado de los fondos de la agencia de espionaje interno, ni importación subrepticia de equipos de espionaje, ni ejércitos de trolls pagados por el contribuyente. También miente sobre “la alianza con sectores corporativos”: ni los beneficiarios de RIGI, ni los nuevos propietarios de la energía y el agua en Buenos Aires o de los aeropuertos son nada de eso. Peter Thiel vino a Argentina para aprender a jugar al truco y bailar tango.
Chamuya sobre “la disminución del poder estatal” (lo cual en una Argentina con tipo de cambio fijado por el gobierno y ya 10 cadenas nacionales de radio-televisión es grotesco) y el “aumento de las libertades individuales” (una grosería cuando la educación, la salud y el trabajo están en graves aprietos).
Ya para concluir, el embajador duplo enuncia que una característica del populismo son “los programas económicos en los cuales se sacrifica el futuro al presente”. Como si la deuda pública no hubiera aumentado 7% en dos años y medio. Como si no hubiera habido 20 mil millones de dólares de Trump para salvar las elecciones de medio término.
Dice el duplo embajador que se opine lo que se quiera sobre las estrecheces económicas que sufren la mayoría de los argentinos (¡gracias!) pero que “no se puede discutir” que Milei fue y es absolutamente claro. Recuerde el lector que el ajuste lo iba a pagar “la casta”. Como bien puede verse…
Y acaba apiadándose de los quijotescos que “intoxicados por la mala literatura, siguen combatiendo contra las supuestas amenazas autoritarias de un gobierno que, si algo hace mal, es concentrar poder”. En otras palabras, nos toma por tarados.
Se diría que Fernando Iglesias es un inocente insondable no sólo en sentido fiscal. Porque nadie puede creer que desconoce la definición de “populismo” de nuestro común amigo Loris Zanatta: la “nostalgia holística” de la “Argentina Primera Potencia Mundial”, “los argentinos de bien” contra los “kukas”, los “agentes ingleses”, el “profeta” que transforma la política en religión, el capitalismo divino obsequio judeocristiano, etc. Más aun, Iglesias olvida que otra característica del populismo son los epígonos y propagandistas como él.
* Flor de destino inmundo el de Iglesias. Según su presidente Milei, entrevistado por Darius Rochebin en LCI (22/9/26), Bruselas encarna “la decadencia de Europa (…) la visión del wokismo (…) la visión del Estado de bienestar (…) el camino lento hacia el socialismo (…) una muerte lenta, agónica y cobarde.” Menuda tarea la de nuestro embajador en esa cloaca infecta. Y donde digo “duplo” debe leerse “triplo” ya que nuestro ex diputado nos representa también en Luxemburgo, ese granducado repugnante con impuesto a la renta de los más altos del mundo, así como su bienestar social generalizado.



Excelente, Diego. Coincido 100 por ciento con la caracterización del personaje, aunque no tanto con tu furor, ya que no hay que gastar tanta pólvora en chimangos. Igual: me divertí mucho leyendo la nota. ´por tu sentido del humor y la ironía. Más allá de que La Nación sí lo hace y por eso le publica estas notas, creo que hay que pasar de largo frente a él lo más rápido posible y jamás detenerse a rezar en estas Iglesias.
Gracias Hugo. Parece que el antibetisarlista quería ver publicada su nota en el papel del domingo pero lo dejaron nomás online.